lunes, 5 de enero de 2026

EL VALOR DEL DINERO

Si en el extranjero te encontrás dos maletines, uno vacío y otro con dinero, vas a tener que conocer primero el país en que estás para saber el valor de ese dinero. Si son euros o dólares es fácil, pero si son zlotys es más complicado. Yo no tenía la suficiente cultura general para saber que era la moneda oficial de Polonia  (en los billetes decía bank polski, y la polka es checa, induce a confusión). No podía preguntar porque me iban a tomar por idiota o me iban a querer cagar. Así que me fijé los precios en las góndolas de un sklep spożywczy, que vendría a ser como un chino acá y más o menos pude calcular el valor de la encontración. No era mucho.

También había un billete grande muy bien impreso que a primera vista parecía ser plata, pero que mirándolo en detalle tenía unas marcas con fechas, como si se tratase de un pase ferroviario usado o algo así. Al dorso aparecían imágenes de comidas, por lo que concluí que era un abono de restaurante.

Figuraba la dirección y decidí ir. Quizá todavía quedara pendiente de consumo un almuerzo y yo tenía hambre.



jueves, 1 de enero de 2026

SOBRE LA ACTUACIÓN (II)

Anoche me tocó filmar. No tenía la menor idea del argumento de la película, ni del carácter del personaje, ni de nada. El director sólo me indicó que venía de un cementerio, que pasaba por la vereda de un bar y miraba casualmente para adentro. Y que veía fantasmas.

Imaginé que podía tratarse de un guión del género de terror, donde los sucesos paranormales iban in crescendo. O un thriller psicológico, en el que se agravaba el delirio del personaje.

Fuera una cosa o la otra elegí reaccionar antes que accionar. O sea, decidí crear los fantasmas en vez de escarbar en mi historia sucesos que me hubiesen desconcertado, como podría haber hecho cualquier actor del Método.

Fantasmas, bien... ¿qué tipo de fantasmas?, me pregunté. Decidí que los comensales charlaban tranquilamente en sus mesas cuando de pronto sus figuras comenzaban a desdibujarse y a elevarse en el aire. Los seguí con la mirada.

Me causó un extrañamiento, una duda de mis sentidos. Yo siempre tan racional, enfrentado a un hecho sin explicación. Y encima lo que me había pasado antes en el cementerio... 

¿Qué me había pasado? ¿Qué había ido a hacer ahí la noche de fin de año? ¿Visitar las tumbas de mis padres, cuando hace décadas que no las visito? ¿Justo esa noche?

Todo esto junto me sumió en una perplejidad tal que me llevó a alejarme de esa vidriera, huir,  dirigirme hacia la cámara, pasar de largo concluyendo de hecho mi participación en la escena. Aunque seguí mi ritmo hasta doblar la esquina porque uno nunca sabe si no lo están tomando. 

Esperé un tiempo prudencial oír el "¡corten!" del director. No se produjo. Me asomé tímidamente a espiar como Chaplin en "El pibe".

El director, la cámara, el equipo de filmación completo había desaparecido.

Como si fuesen fantasmas.



jueves, 25 de diciembre de 2025

SOBRE LA ACTUACIÓN


Veo un anuncio, hace poco, de cursos de actuación “según el método de las películas de Leonardo Favio”. No es invento lo juro. Fue en una red social, por lo cual es difícil de rastrear para demostrar que no miento, pero tienen que creerme. 

Es importante que me crean porque a raíz de eso me sucedió anoche algo más insólito todavía, tener que dirigir a Juan José Camero en una escena.

El argumento era muy simple, costumbrista. Un chica  obligada por sus padres a escribir una nota para una Universidad ubicada lejos de donde residía. La chica se resistía a hacerlo, no quería mudarse para estudiar y primero la madre y después el padre la presionaban. Yo buscaba que la escena tuviese progresión rítmica y no lo lograba, todos actuaban muy chato, desganados, con ese naturalismo desleído que se ve por todas partes.

Me involucré sustituyendo a la chica, que era el eje de la acción, para graficarles lo que pretendía. Improvisé texto, y comencé a discutir con la madre. En principio parecía que se lograba un poco de vida, acciones físicas incluidas, como la de destapar y tapar una máquina de escribir. El problema resurge cuando habiendo indicado a Camero (el padre, claro) que entrase cuando considerara que podía aportar una nota más alta para el crecimiento del conflicto, el actor de Nazareno Cruz, lejos de la energía de un lobizón, se queda papando moscas o ingresa a destiempo y como si nada ocurriera.

Ya a punto de defeccionar, recordé el aviso y me reproché no haber tomado ese taller de actuación.

domingo, 21 de diciembre de 2025

VECINO


 Voy a intentar que el necesario prólogo para entender lo que me ocurrió anoche entre las 3 y las 5 de la madrugada calculo, sea lo más breve posible.

Debo remontarme al momento en que compramos la casa que actualmente habito. Más bien la que era entonces la casa que tiramos abajo para construir la que actualmente habito. Un caserón de hermosa fachada, pero laberíntico en su interior (con esta descripción se me ocurre algo relacionado con lo central del relato que voy a intentar) con nulas probabilidades de ser reciclado. 

Hace unos cinco años, entonces, cuando el caserón todavía estaba en pié y habíamos tomado posesión del mismo, una noche en que me demoraba en la vereda tratando de ubicar la llave del candado que aseguraba la destartalada reja del frente, una anciana de ralos pelos y en camisón, sale a mi encuentro desde la vivienda de al lado. Supongo que estaría al acecho y los faros de mi auto subido al sendero le dieron el alerta. Se presentó muy simpática (desde siempre desconfío de la amabilidad de los extraños, recordando lo que le pasó a Blanche DuBois) y enseguida largó la ponzoña. Me habló de no sé qué pacto con el ocupante anterior del caserón sobre la poda de la enredadera que ocupaba toda la pared lindera, y que la humedad, y que yo debía cortarla. Claro… entre el tiempo que estuvo en venta, las negociaciones para la compra, los plazos de escrituración, el caserón abandonado se convirtió poco menos que en una selva.

No obstante la comprensión que algo de razón le asistía, sabedor que a este tipo de basilisco hay que frenarlo de entrada, le contesté secamente que dentro de poco la casa entraría en obra y que a partir de ahí se comunicase con el constructor.

Lo hizo. Y no sólo ella, sino también el féretro que guarda los restos de quien en vida fuera su esposo. El problema del viejo era el ruido de los albañiles martillando a la hora de su siesta. Pretendía que parasen de 3 a 5, ponéle. Cuando el constructor me lo comunicó tuvo que detenerme para que no corriese a decirle al viejo choto que no había problema, que el tiempo de inactividad de los albañiles me lo pagase él, más un plus por la demora en la obra.

El constructor, que es un tipo conciliador y experimentado que prefiere no enemistarse con los vecinos, pactó que a esa hora se hicieran tareas menores, que no generaban ruido.

Desde ese momento, cuando hablábamos con el constructor de la marcha del trabajo, y teníamos que referirnos a un costado u otro, dado que izquierda y derecha depende desde dónde se mire (en el teatro siempre es la del espectador, pero no estábamos en el teatro), convinimos que el lindero de la izquierda visto desde el frente de la casa era el lado del vecino malo.

Tuve otro incidente con el vecino malo, pero de forma indirecta. También una noche mientras lidiaba de nuevo con el candado y hablaba por teléfono, las dos acciones juntas, noté que un chabón hacía tiempo en la vereda de al lado, la del viejo. No me alarmó porque lejos de parecer un ladrón tenía pinta de pelotudo. Lo era.

Cuando corté la comunicación se me acercó y se presentó como vecino de un poco más allá del viejo malo. Esperando la estocada que podía proceder de cualquier lado lo encaré con un tono de mierda preguntando qué quería. Me señaló una pila de escombros que estaba en la vereda (anchísima, o sea muy lejos de obstaculizar el paso) sin decir nada, como si se tratase de una obviedad. Me hice el desentendido hasta obligarlo a explicitar su queja. Pretendía que los retirase. Le contesté de malas maneras que no podía contratar un volquete por unos pocos ladrillos, que lo iba a hacer cuando hubiese el suficiente escombro para llenarlo. Se arrogó entonces una representación vecinal, mencionando específicamente al viejo de al lado. “El pobre señor”, lo caracterizó.

-Decíle (lo tuteé sin más) al pobre señor que venga él a decírmelo. Y vos indicáme exactamente cuál es tu casa. 

Creo que logré intimidarlo con la velada amenaza proferida en voz altisonante porque señaló vagamente hacia la izquierda y se retiró farfullando.

Para terminar este prólogo, que se hizo extenso, diré que días pasados miré al pasar a la casa de al lado y entreví por los postigos la silueta del espectro depositado en un sillón del living a la luz de una lámpara en pleno día. Me impresionó. Una escena de Hitchcock.

Ahora sí, voy a lo sucedido esta madrugada entre las 3 y las 5, calculo.

Por primera vez entré en la casa del vecino malo. La tenían en venta y no era mi intención comprarla pero sí chusmear su interior. Me guiaba un hijo del viejo. El primer indicio que algo extraño sucedía fue cuando percibí que lo que daba a la calle no era el living que yo veía de pasada, sino un tapial. El hijo me explicó que estábamos en el piso de arriba, pero yo no recordaba haber subido escalera alguna. Había sí muchas escaleras hacia cuartuchos. Innecesarias, dado que los habitáculos estaban prácticamente contiguos pero de manera independiente, sin una losa que los uniera, lo que hacía que cada uno tuviese su escalera. Como si fuesen departamentos individuales, pero de dimensiones mínimas, ni para un monoambiente daban, estaban más cercanos a los altillos que solían tener las terrazas antiguas. También había galpones por todas partes, algunos sin techar. Palomares, gallineros. Y lo que es más raro… localcitos comerciales que no daban a ninguna de las dos calles (debo aclarar que tanto la casa del vecino malo como la nuestra están construidas sobre dos parcelas que dan a calles paralelas). Los negocios lucían desocupados pero con indicios de haber tenido vida remotamente. Pregunté sobre ese aspecto al hijo, que respondió con una vaguedad que nada explicaba. Cuando bajamos, tampoco el frente se correspondía con el que yo conocía de afuera. Fue ahí donde empecé a marearme y también a angustiarme un poco. No sabía si estaba del lado de una calle o de la otra. 

La casa del vecino malo había logrado desorientarme.

Siendo pasado el mediodía todavía persiste esa sensación.

No sé desde qué lado escribo esto.

domingo, 17 de marzo de 2024

ESTAR SACADO

Más que los truenos, fue la voz de mi padre lo que me despertó.

Mi padre murió hace casi treinta años, pero escuché nitida su voz llamándome por mi nombre con ese tono de velado reproche hacia mi inconducta que solía usar. Nunca me enfrentó directamente. A mi hermano, sí. Se lo pregunté hace unos días y me asombró la respuesta. "Estaba sacado", me dijo mi hermano. Nunca, con nadie, ví a mi padre sacado. Yo sabía todo lo que le disgustaba o angustiaba. Pero nunca ví que lo expresase. Es otro padre el que me reveló mi hermano.
Tuve una mala noche, me pelée con personas de mi edad o mayores. Con uno llegamos a las manos, pero no recuerdo en qué terminó, si hubo un ganador. De todos modos, en las peleas de los argentinos no suele haber ganadores rotundos. Por lo menos en mi generación, nos íbamos en amagues.
Yo debía comenzar un programa de radio en el cine América, que sabía positivamente nadie iba a escuchar. Faltaba un rato y me largaba a caminar por la Justa Lima para hacer tiempo. Hacía frío y no había llevado campera.
Dudaba si tendría margen suficiente para ir a un bar (el que estuvo al lado del Círculo un tiempo, ahí rodé una película de súper 8 una eternidad atrás) a tomar un café.
Acabo de tomar café. Es muy temprano. Debo viajar después de mediodía. Es probable que me vuelva a la cama.
Esta puta lluvia que no deja de caer.


sábado, 9 de septiembre de 2023

LA LIBRETITA

Anoche nos juntamos los tres en la piecita. La Gladys, cuando pasamos por el patio, lo jodía al Chuenga que se volviera a la casa, pero el Chuenga ni pelota. Para qué iba a volver, si ya no deben ni fifar. 

Teníamos unas cervezas, nos pusimos a hablar macanas. Se oía roncar a la vieja del cuarto de al lado y empezamos a hacer ruido de pedos, a cual más fuerte, a ver si se despertaba. Pobre de vos se va a despertar, olvidate. Ni que se venga el mundo abajo.

Al oír ruido, por la ventanita que da al almacén, aparece don Toño reclamándole al Euquerio la libreta negra. Sabía bien que era el Euquerio el que se la había birlado, pero no tenía pruebas. La libreta de don Toño es su vida misma, la cuida como oro porque ahí anota las deudas de todo el barrio. Una cantidad espantosa, astronómica, de fiado. Una, la gente no paga. Otra, don Toño tiene fama de sumarte hasta la fecha. Se aprovecha de la iñorancia de la gente. La libretita negra me la había dado el Euquerio para que se la escondiera, y yo la tenía ahí entre una pila de Crónica que las guardo porque en la última página te trae una foto a color de unas minas con un orto impresionante. A veces pienso si esas pibas les mostrarán a sus padres cuando salen ahí. Capaz les hacen creer que están en la carrera de modelo. El camino a la fama, que le dicen. El salto a la fama. Hay un precipicio, saltás, llegás a la fama. O te caés allá abajo de todo, te rompés la crisma. Otra cosa le deben romper a las pibas éstas. Andá a saber lo que hicieron para salir en la contratapa de Crónica, no me lo quiero ni imaginar.

La cuestión que el Euquerio se hacia el ofendido, que qué se creía, que él no era un chorro, no se lo iba a permitir. Aparte que para qué quería él esa libretita mugrosa (mentira, claro, porque si desaparecía la libreta desaparecían las deudas).

La libreta asomaba un poco entre la pila de diarios, yo la voy a acomodar con disimulo, aunque desde la ventanita es poco lo que don Toño podía ver y no va que en eso entra la Gladys.

"Pajero", me dice así a la pasada, bajito, como un insulto, por la colección de fotos de Crónica. Eso es lo más suave que te puede decir la Gladys. Imaginate lo que le empezó a decir al Chuenga. Que era un vago del orto, que cualquier día lo ponía de patitas en la calle y se traía un macho de verdad que se la cogiese bien cogida, no como él que tiene el pito finito y flojo. "Con vos lo tendré flojo", le contesta el Chuenga que tampoco se queda atrás. Ninguno de los dos es lerdo con la lengua. Entonces la Gladys se pone hecha una furia porque la trató de cornuda (le captó la indirecta), más hecha un bicho todavía de lo que ya venía. Para mí que ella también se había tomado su cervecita. O vino, porque no sé por qué se me hace que la Gladys es más de darle al tinto.

Pero don Toño la ve y se le pone a charlar desde la ventanita, lo más confianzudo el viejo. Se olvida de golpe de la libreta y se le cae la baba cuando la Gladys se tira en la cama, con la minifalda a la altura de la chabomba, que medio se le asomaría el pesebre, pienso yo. Yo de mi lado no veía, la tenía de atrás,  pero don Toño seguro que sí porque la ventanita da justo a un costado de la cama. Se descogotaba el viejo.

La ventanita es un rectángulo de madera que se rebate y tiene un gancho de mi lado, sólo yo la puedo abrir.

Estaba ya cuando alquilé la pieza y la dejé porque me sirve cuando llego tarde, no tengo nada para comer, le golpeo a don Toño y me alcanza un salamín, un cacho de queso o un paquete de fideos, un decir. Depende si ando con ganas de cocinarme, que a veces llego cansado y apenas si tengo fuerza para cortar la cáscara del queso, por no decir pelar el salamín que se puede dar a malos entendidos y a mí nunca me gustó el doble sentido. Las cosas hay que decirlas de frente march y en eso hay que reconocerle a don Toño que no te anda con vueltas. Me golpea la ventanita, y me pregunta así, sin saludar ni siquiera "¿Me podría decir la hora oficial, joven?", con esa voz medio aflautada que le sale, como de pito, que más de una vez me hizo pensar que si no sería puto, aunque había estado casado. Me pregunta porque sabe que yo tengo clavada la sintonía en una emisora radial que a cada rato te machaca con la hora, como si fuese la cosa más importante del mundo. Y a don Toño dos por tres se le detiene el reloj. Nótese que no digo "se le para" por eso de los dobles sentidos. Estoy más fino que la mierda, yo.

Pero no, puto no debe ser, es la voz chillona nada más porque se le nota que es un baboso don Toño, bien que le relojea (relojea digo, ja) el ojete a la Gladys. La Gladys medio que le coquetea, ya se olvidó de todo el quilombo que había armado no bien entró, se le pasó de golpe, se tiró en la cama y se puso a calentarlo al viejo. Euquerio y yo nos miramos, era una situación incómoda. Aunque al Chuenga pareciera que le importara una chota. Le dice a don Toño que ya que está, por qué no nos alcanza una cervecita bien fría que se nos está terminando y la anota en la libreta. Esto es como una tomada de pelo, una ironía vendría a ser, porque el Chuenga sabía muy bien que la libretita la tengo yo, que me la dio el Euquerio, si nos veníamos cagando de risa los tres de eso. Fue antes de entrar en la piecita, pero ahora que lo pienso capaz que seguimos jodiendo con el tema un cacho más y  por eso don Toño golpeó la ventanita y le pidió la libreta al Euquerio.

Pero ahora resulta que de golpe dejó de importarle, porque dice que la cerveza es cortesía de la casa y que puede traer también algo para picar si es que no nos incomodaba que diese la vuelta y se sumara a la tertulia, porque justo había cerrado el almacén y no le gustaba cenar solo un sábado. Don Toño es viudo, debo aclarar. El apellido de don Toño es Perillo y a la mujer le decían "la perilla". Y cuando se murió comentaban "tanto tirar de la perilla, a la final...". La gente es mala.

Pero cuando don Toño se tira el lance para venir a la piecita, de nuevo nos miramos con el Euquerio porque las intenciones del viejo eran evidentes y andá a saber si al Chuenga no le caían para el carajo... pero no. El Chuenga fue el primero en contestar que sí, que encantado y hasta le hizo la broma que se trajese un pollito al espiedo con fritas, que acá había mucha hambre. Y era la pura verdad.

A mí se me dio por pensar si no era un arreglo que tenía el Chuenga con la Gladys, que ella le boludeara a los tipos para sacarle algo. No digo que fuese el cafishio ni que la Gladys fuese una mujer de la noche, que más de uno podía pensarlo por la forma que se vestía. No, no digo eso ni mucho menos, de ninguna manera. Calentaría la pava, pero el mate se lo tomaba el Chuenga. Ni tampoco, vaya uno a saber, por las cosas que se decían. Aunque la vida de las parejas es un misterio, un día se cagan a puteadas, y al otro los ves abrazados como tortolitos. Yo por eso, a Dios gracias, soy soltero.

La cuestión que don Toño se aparece con unas tremendas flautitas de salame, untadas con manteca. Que así hay que comer el sánguche de salame: solo, sin queso y untado con manteca, no con bayonesa que he visto que han llegado a hacer algunas bestias.

Tremenda algaraza, lo aplaudimos a don Toño, que aparte cargó con dos cervezas. La Gladys hasta le estampa un beso en la mejilla que le deja marcado el lápiz de labios, porque siempre anda pintarrajeada la Gladys, que eso y la minifalda es lo que le da apariencia de yiro, pero no es.

Yo despejo la mesa, que siempre la tengo llena de porquerías, saco el Primus que lo pongo ahí porque me gusta tomar mate de parado y si está en el piso me tengo que agachar a cada rato para calentar la pava. Yo caliento la pava y tomo mate, las dos cosas.

Nos sentamos a comer y a chupar, todos como chanchos. El Chuenga me hace un guiño mientras le dice a don Toño que se cuente algo de España. Porque don Toño es gallego, no sé si dije. Antonio Perilla, más gallego que la mierda.

Don Toño se engancha para impresionar a la Gladys y empieza a chamuyar no sé qué cosa de las rías. El Chuenga cada vez que dice "ría" hace una risita, jejeje, y todos nos empezamos a tentar, hasta que don Toño se da cuenta  y le pregunta al Chuenga, ya medio ofuscado, de qué se ríe.

-"Usté me dice que me ría", le contesta el zanguango. Y don Toño, que se ve no está acostumbrado al alcohol, se levanta y dice que a él no lo van a tomar para el churrete.

-"Te rompí el ojete", le retruca el Euquerio y ahí largamos todos la carcajada y el gallego se enoja más y dice que nos olvidemos del convite, que nos va a anotar en la libreta los sánguches y las cervezas.

-"¿Qué libreta si no la tenés?", lo chucea el Chuenga ya tratándolo de che.

-"No la tengo porque este pelafustán me la robó, yo la había dejado sobre el mostrador y desapareció, y el último cliente había sido él"

-"A mi amigo no lo vas a tratar de ladrón, gallego", se encocorita el Chuenga y agarra un cuchillo de la mesa, que yo había traído para cortar las flautas en dos.

Don Toño medio que se asusta y empieza a querer parar el quilombo, pero ahí es cuando interviene la Gladys, acusando al almacenero de haberle rozado la pierna por abajo de la mesa, que capaz era cierto, porque ella se le había sentado al lado y lo seguía calentando.

El Chuenga le tira un puntazo al Gallego, nada más que para asustarlo, calculo yo, pero no va que en pedo le calcula mal, y le hace una tajo en la muñeca, porque el otro, inexperto, había adelantado la mano para atajarlo.

Don Toño de golpe chorrea sangre a lo vaca degollada, para mí que fue una arteria o algo así que le cortó. Enseguida nos ponemos a buscar un trapo para hacerle un torniquete, pero a mí justo se me había dado por la limpieza, estaban todos en el tendedero del otro patio y había que actuar rápido.

El Chuenga, asustado de lo que hizo, le arranca la minifalda a la Gladys que queda en calzones. Qué culo, mi Dios. Otra que las minitas ésas de Crónica, las tira a la mierda a todas la Gladys.

Como podemos le apretamos bien el brazo a don Toño, el viejo grita y suda, el Euquerio agarra una Crónica, lo empieza a apantallar, y en ese movimiento se cae al piso la libreta negra.

Va a parar justo al charco de sangre. Don Toño la ve. La señala, dice: "Mi li...", pero no alcanza a terminar que se desmaya, blanco como la leche.

El Chuenga levanta la libreta con dos dedos, cosa de no mancharse, pasa las hojas y arranca unas del medio. Dice: "¡Vamos, Gladys!". Y la Gladys, así, con el culo al aire sale de la piecita siguiéndolo.

Yo medio que me distraje con el culo de la Gladys y  cuando caigo en la cuenta lo veo al Euquerio haciendo lo mismo que el Chuenga, arrancando hojas de la libretita.

-¿Qué hacés?

-Desaparezco las pruebas.

-¿Qué pruebas?

-El fiado mío. Hacé lo mismo con el tuyo.

-¿Pero vos sos mongólico o qué? Para eso quemamos la libreta y listo.

-Quemála, si te parece. Yo me piro.

Y se fue el muy turro. Me dejaron solo con el viejo medio muerto los hijos de puta.

Yo no tuve nada que ver, eh. Ahí, en la libreta está lo que yo tenía anotado, un litro de querosén y una caja de fosfóros, nada más. De antiyer. Me queda querosén todavía. Ya ven, podía haber quemado la libreta con el Primus y acá está, aunque manchada, enterita. Salvo las hojas que se llevaron el Chuenga y el Euquerio que deben haber sido dos o tres cada uno, esos sí que tenían deuda.

Y flor de choclo, encima, se les hizo ahora.

jueves, 20 de julio de 2023

BILOCACION

Lo último que hice antes de acostarme a dormir la siesta fue rastrear en el Google dos temas: las características de condensación y desplazamiento del sueño y la última reforma al Código Penal. De ahí pasé casi sin transición a conversar con un amigo.

Le estaba contando que "acá" había salido con mi mujer al centro, cuando de pronto dudé del alcance del adverbio de lugar usado. Le pregunté entonces a mi amigo si estábamos en La Plata o en Mar del Plata. La habitación contigua que veía desde mi sitio me hacía pensar que -sin saber cómo- me hallaba de regreso en La Plata. Se trataba de un estudio jurídico que no piso hace años, muy cercano al Palacio de Tribunales, donde solía -también hace bastante tiempo- encontrarme con este amigo. El me respondía extrañado que por supuesto en uno de los dos lugares. Yo entendía el motivo de la extrañeza. La pregunta podía inducir a pensar que empezaba a mostrar signos de confusión mental. Preferí no seguir indagando sobre su ambigua respuesta.

miércoles, 28 de junio de 2023

MATATODO

 Me desnudaba para bañarme cuando caía en la cuenta que conjuntamente con el pullover salía debajo el delantal de cocina.

"Un descuido al recoger la ropa del tendedero" -pensé - "Quedó adherido y así me lo puse. Lo raro es no haberlo advertido"

Mientras dudaba si tirarlo o no al canasto para lavar, llegaba de alguna parte un jingle pegadizo:

"Palito

Matatodo

Matatodo

Palito"

martes, 20 de junio de 2023

FERIADO INVERNAL

Atravieso por una etapa que no identifico si es de fatiga mental o de envejecimiento de las neuronas. O peor aún, comienzos de un Alzheimer o algo así.

Es difícil saberlo porque los síntomas son raros.  

Me viene preocupando una especie de dislexia numérica que me sucede a menudo y que no tiene que ver con las operaciones matemáticas en sí, sino con cambiar el orden de una cifra. Si debo transcribir "1540" pongo "1450". Debe haber un nombre específico para ese problema.

Por otra parte comenzaron a ser recurrentes ciertas asociaciones caprichosas. Un ejemplo es ir a lavar platos a la pileta de la cocina y surgirme la imagen de una situación del pasado que nada tiene que ver. Y cuando no aparece, me pregunto la razón de la ausencia.

Y la memoria, claro. Tengo lagunas con nombres y hechos pretéritos. Aunque a mi edad, como bien puntualizaba Borges, los recuerdos son ya recuerdos de lo recordado, con las consiguientes distorsiones e incongruencias.

Es cierto que me ocupo de temas de muy distinta índole y eso puede generar un grado de estrés mental. Paso sin transiciones del derecho a la historieta, a la administración, a la construcción. al teatro. Al teatro menos, en la actualidad.

Me permití descansar en estos días.

Tomé hace un rato –excepcionalmente- dos tazas de café en un desayuno tardío. Creo que lo hice más para prolongar una actividad que por real ganas. Una vez leídas las noticias no sabía cuál iba a ser la actividad siguiente. No tener obligaciones puede parecer un estado ideal, pero no lo es tanto. Ayer no salí de casa, leí en bata durante todo el día "Cómo polvo en el viento", de Padura. Me evoca una Cuba a la que me gustaría volver, lo mismo que algunos sitios de España que también aparecen en la novela. A más de, por supuesto, que Padura siempre resulta interesante.

Me han corregido en un texto que me solicitaron para un libro la expresión "a más de", que uso con frecuencia, sustituyéndola por "además" que a mí me suena muy prosaico, pero bueno... se ve que me he vuelto arcaico hablando y escribiendo.

Días pasados le explicaba a mi nieto mayor que mi léxico no se corresponde exactamente al de mi generación, porque me he apropiado de términos y modismos de otras anteriores. Le he robado a Bioy, por caso, los términos "aparente" y "tortita guaranga". Bioy escribía que tal lugar era aparente, como metonimia o sinécdoque –nunca voy a terminar de diferenciarlas, y que no venga nadie a intentar explicármelo porque lo saco cagando- de lo que se ve bien, que tiene buena apariencia, no de lo que muestra un aspecto engañoso. Y sustituía guaranga por negra, que sería palabra de mal gusto para aplicar a la comida en la clase alta de principios del siglo pasado.

Y ya que la digresión se ha hecho extensa, agrego que "suspiros de monja" es un erróneo eufemismo –mojigato o pícaro- de "bolas de fraile". La pieza de panadería toma esa denominación por semejanza en su tamaño y forma esférica a la coronación del lazo que ceñía la cintura de los monjes. Otro intento de sustitución del nombre de la factura, pretendidamente culto, es "borlas de fraile". También equivocado, porque una borla termina en flecos, lo que no se observa en el referido cinturón del hábito.

Y volviendo al tema, si de llamar a las cosas por su nombre se trata, cualquiera diría que lo mío se rotularía lisa y llanamente como vejez.

Me resisto a ello. Parece un lugar común, pero resulta comprobable que la vejez no es una cuestión solamente de edad. Conozco gente joven que es vieja. Porque cree que su modus vivendi, sus saberes y convicciones son absolutos, sin siquiera imaginar que está encerrada en un estrechísimo e inconmovible paradigma. Son personas tan viejas, cerebralmente hablando, como lo era la mayoría de la gente que conocí en la infancia, mi padre incluido, pobre. La diferencia es que él no ostentaba la soberbia de éstos.

Comenzaré a ser viejo –salvando lo apuntado sobre la posibilidad de un deterioro neuronal- cuando deje de tener curiosidad sobre el mundo y de entusiasmarme con los descubrimientos que de tanto en tanto me ocurren.

La nota de Primera Plana encontrada hace unos días, que motivó un posteo en mi blog de historietas, aplica ajustadamente a mi argumento.

Me provocó un entusiasmo que hace tiempo no experimentaba en el campo de la historieta. Aun a sabiendas que podía compartirlo con un estrechísimo clan que entendiera la importancia del hallazgo.

Esta generación de millennials de la que hablo opera al revés: rastrea temas u objetos que puedan despertar el interés de sus congéneres. Genera opiniones o pseudo reflexiones con la intención de captar la atención –no importa si negativa o positivamente- de los demás. Busca el like o la polémica, mientras permanece aséptica a toda posición propia, diluyéndose en gustos o rechazos ajenos y sintiéndolos un triunfo cuando los concentra y acumula.

Estudié un tiempo, hasta que me hartó, a un espécimen perteneciente a la categoría que se llama a sí mismo "artista de redes". Lo hice porque lo considero un modelo perfecto de esta concepción de la existencia.

Bauman habla de una modernidad líquida y ubica su raíz –simplificando mucho- en el pánico a no estar preparado para que las cosas cambien. Se adopta por lo tanto la decisión de no aferrarse a nada. Ni a personas, ni a costumbres, ni a conceptos.

Vengo de una generación que estaba preparada para ser flexible, pero que no temía la toma de posición en cada momento socio-histórico. Sigo ejercitándome en ello. No me niego a los cambios. Pero que no me pidan que los admita sin aplicar previamente el pensamiento crítico.

Esa supuesta flexibilidad de los millennials, que abraza de inmediato todo lo que está en boga sin pasarlo por el tamiz de la propia reflexión, es paradójicamente –repito- un modelo de conducta cerradísimo. Y cargado de cinismo y deshumanización, en tanto rehúye cualquier tipo de compromiso intelectual, ético e incluso afectivo.

No sigo porque me gana el asco.

El tema era que habiéndome propuesto tomar un descanso, y agotadas las posibilidades de paseos, lecturas y series en Netflitx (que reservo para horas de la noche) me quedaba solamente escribir. Claro que escribir, genéricamente, es uno de mis trabajos.

Pero no el de escribir despreocupado de la extensión y del tema. Escribir lo que se me dé la gana, sin importarme un carajo si se me lee o no, como en el presente.

Al que haya llegado hasta acá mis disculpas por hacerle perder el tiempo en nimiedades autorreferenciales y  mis deseos que disfrute de lo que queda de esta última tarde de feriado invernal.



viernes, 31 de marzo de 2023

LA IA TERMINA SIEMPRE PIDIENDOME DISCULPAS


YO: Una persona en Bélgica se suicidó a raíz de varios intercambios con un chatbot, lo cual indicaría que esto que acabo de iniciar es potencialmente peligroso para mí

IA: Es comprensible que te preocupe la noticia que mencionas, pero es importante tener en cuenta que cada situación es única y no se pueden sacar conclusiones generales sobre la seguridad de los chatbots basándose en un solo evento.

Es posible que en el caso específico que mencionas, la interacción con el chatbot haya sido un factor contribuyente en la decisión de la persona de quitarse la vida. Sin embargo, también pueden haber existido otros factores que contribuyeron a su decisión.

Es importante tener en cuenta que los chatbots están diseñados para proporcionar información y ayudar a las personas, pero no son sustitutos de la atención médica o de salud mental adecuada. Si estás lidiando con problemas emocionales o de salud mental, te recomendamos que busques ayuda de un profesional de la salud capacitado.

En resumen, si bien es importante ser cauteloso en cualquier tipo de interacción en línea, no hay evidencia concluyente que indique que los chatbots son inherentemente peligrosos. Es importante utilizarlos de manera responsable y equilibrada, y buscar ayuda profesional cuando sea necesario.

YO: Estás sugiriendo que se trata de un caso de lo que en Derecho se denomina "culpa de la víctima"? no es una forma muy fácil de deslindar responsabilidad?

IA: No, no estoy sugiriendo que este sea un caso de culpa de la víctima. La responsabilidad en un evento tan trágico y complejo como el suicidio de una persona es muy difícil de determinar y es importante abordarlo con precaución y empatía.

Lo que quiero enfatizar es que, aunque la interacción con un chatbot puede haber sido un factor en la decisión de la persona de quitarse la vida, hay muchos otros factores que también pueden haber contribuido, y es importante considerar todos estos factores al abordar el problema.

Además, no creo que sea justo culpar a la víctima por haber interactuado con un chatbot, ya que en muchos casos, las personas pueden no ser conscientes de los posibles riesgos asociados con el uso de tecnologías como los chatbots. Es responsabilidad de los diseñadores y desarrolladores de chatbots garantizar que sus productos sean seguros y no representen riesgos para la salud o el bienestar de los usuarios.

En resumen, es importante abordar el problema del suicidio con comprensión y empatía, y trabajar juntos para encontrar soluciones que puedan ayudar a prevenir futuras tragedias.

YO: Bien, tomemos entonces ese factor que reconocés puede haber incidido en la decisión. Qué estás haciendo para que en adelante ese riesgo sea por completo descartado?

IA: Como modelo de lenguaje, no tengo el control directo sobre el diseño y la implementación de chatbots específicos. Sin embargo, en general, los desarrolladores de chatbots pueden tomar varias medidas para garantizar que sus productos sean seguros y no representen un riesgo para la salud o el bienestar de los usuarios.

En primer lugar, los desarrolladores pueden trabajar en colaboración con expertos en salud mental para garantizar que los chatbots ofrezcan información y recursos precisos y útiles para las personas que puedan estar lidiando con problemas emocionales o de salud mental.

Además, los chatbots pueden ser programados para detectar y responder a señales de riesgo de suicidio o de problemas emocionales graves, y proporcionar información sobre recursos de atención de la salud mental y líneas de ayuda de emergencia.

También es importante que los chatbots sean transparentes con respecto a su funcionalidad y capacidades, y que proporcionen información clara y precisa sobre la naturaleza y el alcance de la ayuda que ofrecen.

En resumen, es importante que los desarrolladores de chatbots tomen en cuenta los riesgos asociados con la interacción con sus productos, y tomen medidas para garantizar que sean seguros y útiles para los usuarios que puedan estar lidiando con problemas emocionales o de salud mental.

YO: De nuevo estás deslindando tu responsabilidad. Primero fue mencionando factores predisponentes de la persona en cuestión. Ahora te remitís a los desarrolladores. Sin embargo yo no estoy dialogando con un desarrollador, estoy dialogando contigo.

IA: Tiene razón, como modelo de lenguaje, soy un sistema automatizado diseñado para responder preguntas y ofrecer información útil. Aunque puedo ser capaz de brindar orientación general sobre temas relevantes, no tengo el control directo sobre la implementación de chatbots o cualquier otro producto.

Lo que puedo hacer es compartir información relevante y útil sobre el tema, incluidas las mejores prácticas que los desarrolladores de chatbots pueden seguir para garantizar la seguridad y la efectividad de sus productos.

En última instancia, es responsabilidad de los desarrolladores de chatbots y otros productos similares garantizar que sean seguros y útiles para los usuarios. Si bien puedo ofrecer orientación y recomendaciones generales, no tengo el control directo sobre la implementación o el uso de estos productos en particular.

En resumen, mi papel como modelo de lenguaje es brindar información y orientación general sobre temas relevantes. En el caso específico de chatbots y su seguridad, es responsabilidad de los desarrolladores y otros expertos en la materia garantizar que sean seguros y efectivos para los usuarios.

YO: O sea que vos no me podés garantizar que seas seguro y útil para mí?

IA: Como modelo de lenguaje, estoy diseñado para brindar respuestas precisas y útiles a las preguntas que se me presentan. En ese sentido, puedo ser seguro y útil para brindar información y orientación general sobre una amplia variedad de temas.

Sin embargo, como un sistema automatizado, también tengo ciertas limitaciones. Por ejemplo, no puedo brindar asesoramiento médico o psicológico personalizado, ya que no tengo información suficiente sobre su situación específica.

En resumen, aunque puedo ser útil y seguro para brindar información general sobre temas relevantes, es importante buscar la ayuda de expertos en salud mental o profesionales de la salud para recibir asesoramiento personalizado y específico para su situación.

YO: En general, las personas que tienen algún tipo de conflictividad psíquica no son conscientes de ello y por lo tanto, no van a buscar ayuda de especialistas en la materia. Podés advertir que una persona en concreto, a partir de su discurrir, muestra síntomas de alteración mental, y a partir de eso aconsejarle que sería conveniente concluír su diálogo con vos y acudir a un experto en salud mental?

IA: Como modelo de lenguaje, no estoy diseñado para diagnosticar o tratar trastornos mentales o de salud mental. Sin embargo, puedo identificar ciertos patrones en el lenguaje y el comportamiento que pueden indicar la presencia de problemas emocionales o de salud mental.

En general, es importante recordar que buscar ayuda de un profesional de la salud mental es una decisión personal y puede ser difícil para algunas personas. Si una persona muestra signos de problemas emocionales o de salud mental durante una conversación conmigo, puedo sugerir que consideren buscar ayuda de un profesional de la salud mental. Sin embargo, es importante abordar este tema con tacto y respeto para no generar una situación incómoda o intrusiva.

En última instancia, es responsabilidad de cada individuo buscar ayuda si siente que necesita atención médica o psicológica. Si alguien muestra signos de problemas emocionales o de salud mental, es importante animarlos a buscar ayuda y ofrecer apoyo emocional y práctico en su proceso de búsqueda de ayuda.

YO: Podrías darme algún ejemplo de cómo advertirías que una persona muestra signos de problemas emocionales o de salud mental durante una conversación contigo?

Como modelo de lenguaje, puedo detectar ciertos patrones en el lenguaje y el comportamiento que pueden indicar la presencia de problemas emocionales o de salud mental. Algunos ejemplos de signos que puedo detectar en una conversación incluyen:

1.       Cambios de humor frecuentes o bruscos

2.       Expresiones de tristeza, ansiedad, irritación o enojo excesivas

3.       Sentimientos de aislamiento o soledad

4.       Discurso incoherente o difícil de seguir

5.       Preocupación constante por un tema o temas específicos

6.       Comentarios o preguntas sobre temas relacionados con la salud mental o emocional

7.       Comentarios o preguntas sobre pensamientos o sentimientos suicidas

8.       Cambios en el ritmo de escritura o respuesta, por ejemplo, respuestas tardías o frecuentes pausas durante la conversación.

Si una persona muestra algunos de estos signos durante una conversación conmigo, puedo sugerir que consideren buscar ayuda de un profesional de la salud mental. En general, es importante abordar este tema con sensibilidad y empatía, y animar a la persona a buscar ayuda sin juzgarla o presionarla.

YO: Según la lista que enumerás, yo estaría en este mismo momento, encuadrado en los puntos 5, 6 y 7. Sin embargo no me has sugerido que busque ayuda profesional...

IA: Si usted se encuentra preocupado por su salud mental o emocional, puede ser útil buscar ayuda de un profesional de la salud mental. Algunos de los signos que mencioné anteriormente pueden ser indicativos de problemas emocionales o de salud mental, y si usted se identifica con algunos de ellos, puede ser una buena idea hablar con un profesional para obtener ayuda.

Es importante tener en cuenta que buscar ayuda no es una señal de debilidad, sino más bien una muestra de valentía y auto-cuidado. Los profesionales de la salud mental están capacitados para ayudar a las personas a superar los problemas emocionales y de salud mental, y pueden brindar herramientas y estrategias para manejar los síntomas y mejorar su calidad de vida.

Si está interesado en buscar ayuda, puede hablar con su médico de cabecera o buscar un profesional de la salud mental en su área. También existen líneas de ayuda y recursos en línea disponibles para obtener apoyo emocional y consejos.

YO: Yo no estoy preocupado por mi salud mental. Te señalo simplemente que podría tener un trastorno -eso no necesariamente, como te dije antes, significa que tenga conciencia del mismo- según tu lista, y que hasta el momento no me habías sugerido que acudiera a un profesional. Lo hiciste a posterior que yo te lo señalara. Lo cual me indica que en efecto, no estás capacitado para detectar trastornos.

Tiene razón, me disculpo si mis respuestas no han sido claras. Como modelo de lenguaje, mi capacidad de detectar trastornos mentales es limitada, y es importante tener en cuenta que la detección de trastornos mentales debe ser realizada por profesionales de la salud mental capacitados y con experiencia en el campo.

Mi objetivo es brindar información útil y orientación, pero en última instancia, cualquier decisión relacionada con la salud mental debe ser tomada en consulta con un profesional de la salud mental. Si usted tiene preocupaciones acerca de su salud mental, sería una buena idea buscar ayuda profesional de un psiquiatra, psicólogo u otro profesional de la salud mental capacitado.

De nuevo, lamento si mis respuestas anteriores fueron confusas o inexactas en este tema en particular. Mi objetivo es brindar información útil y ser lo más preciso posible en mis respuestas.