jueves, 25 de diciembre de 2025

SOBRE LA ACTUACIÓN


Veo un anuncio, hace poco, de cursos de actuación “según el método de las películas de Leonardo Favio”. No es invento lo juro. Fue en una red social, por lo cual es difícil de rastrear para demostrar que no miento, pero tienen que creerme. 

Es importante que me crean porque a raíz de eso me sucedió anoche algo más insólito todavía, tener que dirigir a Juan José Camero en una escena.

El argumento era muy simple, costumbrista. Un chica  obligada por sus padres a escribir una nota para una Universidad ubicada lejos de donde residía. La chica se resistía a hacerlo, no quería mudarse para estudiar y primero la madre y después el padre la presionaban. Yo buscaba que la escena tuviese progresión rítmica y no lo lograba, todos actuaban muy chato, desganados, con ese naturalismo desleído que se ve por todas partes.

Me involucré sustituyendo a la chica, que era el eje de la acción, para graficarles lo que pretendía. Improvisé texto, y comencé a discutir con la madre. En principio parecía que se lograba un poco de vida, acciones físicas incluidas, como la de destapar y tapar una máquina de escribir. El problema resurge cuando habiendo indicado a Camero (el padre, claro) que entrase cuando considerara que podía aportar una nota más alta para el crecimiento del conflicto, el actor de Nazareno Cruz, lejos de la energía de un lobizón, se queda papando moscas o ingresa a destiempo y como si nada ocurriera.

Ya a punto de defeccionar, recordé el aviso y me reproché no haber tomado ese taller de actuación.

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