lunes, 5 de enero de 2026

EL VALOR DEL DINERO

Si en el extranjero te encontrás dos maletines, uno vacío y otro con dinero, vas a tener que conocer primero el país en que estás para saber el valor de ese dinero. Si son euros o dólares es fácil, pero si son zlotys es más complicado. Yo no tenía la suficiente cultura general para saber que era la moneda oficial de Polonia  (en los billetes decía bank polski, y la polka es checa, induce a confusión). No podía preguntar porque me iban a tomar por idiota o me iban a querer cagar. Así que me fijé los precios en las góndolas de un sklep spożywczy, que vendría a ser como un chino acá y más o menos pude calcular el valor de la encontración. No era mucho.

También había un billete grande muy bien impreso que a primera vista parecía ser plata, pero que mirándolo en detalle tenía unas marcas con fechas, como si se tratase de un pase ferroviario usado o algo así. Al dorso aparecían imágenes de comidas, por lo que concluí que era un abono de restaurante.

Figuraba la dirección y decidí ir. Quizá todavía quedara pendiente de consumo un almuerzo y yo tenía hambre.



jueves, 1 de enero de 2026

SOBRE LA ACTUACIÓN (II)

Anoche me tocó filmar. No tenía la menor idea del argumento de la película, ni del carácter del personaje, ni de nada. El director sólo me indicó que venía de un cementerio, que pasaba por la vereda de un bar y miraba casualmente para adentro. Y que veía fantasmas.

Imaginé que podía tratarse de un guión del género de terror, donde los sucesos paranormales iban in crescendo. O un thriller psicológico, en el que se agravaba el delirio del personaje.

Fuera una cosa o la otra elegí reaccionar antes que accionar. O sea, decidí crear los fantasmas en vez de escarbar en mi historia sucesos que me hubiesen desconcertado, como podría haber hecho cualquier actor del Método.

Fantasmas, bien... ¿qué tipo de fantasmas?, me pregunté. Decidí que los comensales charlaban tranquilamente en sus mesas cuando de pronto sus figuras comenzaban a desdibujarse y a elevarse en el aire. Los seguí con la mirada.

Me causó un extrañamiento, una duda de mis sentidos. Yo siempre tan racional, enfrentado a un hecho sin explicación. Y encima lo que me había pasado antes en el cementerio... 

¿Qué me había pasado? ¿Qué había ido a hacer ahí la noche de fin de año? ¿Visitar las tumbas de mis padres, cuando hace décadas que no las visito? ¿Justo esa noche?

Todo esto junto me sumió en una perplejidad tal que me llevó a alejarme de esa vidriera, huir,  dirigirme hacia la cámara, pasar de largo concluyendo de hecho mi participación en la escena. Aunque seguí mi ritmo hasta doblar la esquina porque uno nunca sabe si no lo están tomando. 

Esperé un tiempo prudencial oír el "¡corten!" del director. No se produjo. Me asomé tímidamente a espiar como Chaplin en "El pibe".

El director, la cámara, el equipo de filmación completo había desaparecido.

Como si fuesen fantasmas.